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Fujimori y Sánchez compiten en segunda vuelta presidencial en Perú

La segunda vuelta en Perú elige al nuevo presidente en medio de una crisis política crónica que afecta al país.

La elección del 7 de junio definirá al nuevo presidente en un país que enfrenta una profunda crisis política.
Perú.Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputan este domingo la segunda vuelta presidencial en Perú.(AP/Especial) / Foto: Especial

Lima, Perú. - El 7 de junio, Perú celebrará la segunda vuelta presidencial entre Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Esta contienda es crucial para un país cuya política ha estado marcada por la inestabilidad y la fragmentación. Ambos candidatos llegan a esta ronda final tras una primera vuelta donde Fujimori obtuvo el 17.18% de los votos y Sánchez el 12.03%.

La percepción de incertidumbre se intensifica debido a los escándalos que han afectado a la política peruana en la última década, con un cambio de presidentes cada año. Las encuestas sugieren que Fujimori tiene una ligera ventaja con un 32.5% de intención de voto, frente al 29.1% de Sánchez. Sin embargo, el voto en blanco o viciado y los indecisos, que suman un 36% combinado, serán determinantes en esta elección.

Fujimori, en su cuarta segunda vuelta, se presenta como una figura del orden frente a la inseguridad en el país. Su mensaje se ha centrado en promesas de seguridad y un gobierno tecnocrático. No obstante, su apellido es fuente de polarización, con una población dividida por el legado de su padre, Alberto Fujimori, quien cumple condena por delitos graves.

Sánchez, por su parte, ha capitalizado un creciente descontento entre los electores rurales y antifujimoristas. Su campaña ha enfatizado la protección de la autonomía del Banco Central y propuestas de inversión pública en salud y educación. A pesar de las controversias sobre sus vínculos políticos, su mensaje ha resonado en aquellos que se sienten marginados por el establecimiento político limeño.

El sistema político peruano enfrenta desafíos severos, con un contexto en el que la ciudadanía ha visto cómo los problemas de corrupción y violencia han permanecido sin solución. La elección del nuevo presidente no solo es un acto democrático, sino una oportunidad para restaurar la confianza y resolver crises estructurales.

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